jueves, 7 de octubre de 2010

"Nuestro modo de vida no favorece la salud mental sino la ansiedad y la depresión" -



Víctor Pedreira Crespo es responsable del servicio de Psiquiatría del CHOP y fue subdirector xeral de Saúde Mental durante la etapa de bipartito. Es uno de los más destacados especialistas españoles en temas de drogodependencias.
SUSANA REGUEIRA - PONTEVEDRA La mente es un fraude: si consigue algo enseguida se aburre y se pierde en otro reto; si no lo logra, se llena de reproches y frustración. Y a mayores está la vida (y gran parte de ella es dolor) para acabar de desbaratarlo todo, como bien saben los profesionales de la salud que cuidan de los miles de vecinos de Pontevedra que sufren trastornos depresivos y a los que se dedica el Día Europeo de la Depresión, una jornada para invitar a reflexionar sobre las causas de estas dolencias, sus posibles soluciones y también para llamar la atención sobre hasta qué punto nos estamos infantilizando y convirtiendo en una sociedad medicalizada.
—¿A qué porcentajes de población afectan los trastornos depresivos?
—Es difícil decirlo porque depende de los distintos estudios y de lo que entendemos por depresión: si se refiere a los trastornos más severos, denominados mayores, en general se habla de una prevalencia del 3% de la población. Tan pronto rebajamos los criterios de depresión e incluimos otras depresiones de menor intensidad, más situacionales, los porcentajes aumentan hasta rondar el 8% de la población
—¿Existen distintos tipos de depresión?
—Realmente hay dos tipos, simplificandolo mucho: unas de naturaleza más biológica en las que las causas se vinculan con el funcionamiento cerebral, que tienen una prevalencia bastante estable aunque con un pequeño incremento en los últimos años. Es una depresión en la que la tristeza inmotivada, profunda, acompañada de desvalorización etc es uno de los síntomas pero no el único, ya que puede acompañarse de trastornos psicomotores y no es infrecuente que se acompañe de pensamientos delirantes, culpas, ruinas e hipocondría. Esa es la depresión más severa y que además responde muy bien a los tratamientos antidepresivos, biológicos, porque su origen es muy biológico, es una depresión inmotivada, que no tiene relación con los avatares de la vida.Y después está la que sí se relaciona con el día a día
—Son las depresiones más frecuentes, las que tienen que ver con las circunstancias de la vida, acontecimientos adversos y circunstancias a las que uno tiene que hacer frente a lo largo de la vida: en muchas ocasiones son situaciones de pérdida, de una persona, de una relación, del trabajo..., si bien es verdad que en estos casos interviene mucho la personalidad del individuo, hay personas con más tendencia, con personalidad más pesimista y que con más facilidad reaccionan ante las circunstancias de la vida mediante estos estados depresivos. Y en este caso el tratamiento no puede ser sólo farmacológico porque las circunstancias están muy enraizadas en esa forma de ver la vida, de modo que el tratamiento psicoterapéutico es muy importante para ayudar a esa persona a afrontar las circunstancias de la vida de un modo más constructivo

—¿Las depresiones aumentan porque cada vez toleramos menos el dolor o porque cada vez más somos una sociedad enferma?
—Esos son los dos motivos fundamentales: efectivamente hay una menor tolerancia al sufrimiento en la sociedad y eso hace que ante cualquier percepción de malestar se acuda a buscar ayuda, cosa que en otros momentos no pasaba, la gente lo aceptaba como un sufrimiento inherente al hecho de vivir, con mayor naturalidad y pensaba que se le pasaría o recurría a familiares, amigos y personas influyentes de su medio en busca de ayuda. Hoy probablemente no se hace uso ni de los recursos personales de afrontamiento ni del entorno sino que se recurre con mucha más facilidad a la ayuda profesional. Eso tiene la ventaja de que se puede en muchos casos poner fin al sufrimiento pero también es verdad que muchas veces se están medicalizando problemas cotidianos de la vida ordinaria y esto está generando un importante problema a nivel asistencial, que es la sobrecarga de las unidades de salud mental con una patología menor que puede ir en detrimento a la atención de una patología de mayor importancia, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, etcétera.
—Porque los psiquiatras y psicólogos, permitame, son hoy los nuevos curas.
—Si, es cierto (risas) y yo no estoy de acuerdo. Hay una demanda de soluciones rápidas, inmediatas, pero es necesario esperar: los duelos necesitan tiempos para elaborarse y ahora asistimos a situaciones muy llamativas, como cuando en urgencias entra una familia con una señora que está muy deprimida porque acaban de decirle que su hijo está grave o acaba de morir. Eso no es una depresión, es una conmoción, está abatida, triste, pero cómo no estarlo.
—De hecho el no estar conmocionada sí sería un signo de mala salud mental...
—Exactamente, hay que entender que eso es un sentimiento a afrontar con los propios recursos y con las personas de su entorno. Más adelante si no es capaz seguramente necesitará ayuda profesional pero a priori no podemos poner la tirita antes de la herida. Hay ese primer factor de intolerancia al sufrimiento, también una incapacidad para la espera y una búsqueda de soluciones inmediatas y externas, alguien que a través de una píldora mágica me devuelva la tranquilidad y las ganas de vivir. El paciente adopta con frecuencia una postura pasiva frente al problema que tiene, pero es que a mayores está que los modos de vida y las circunstancias actuales no favorecen la salud mental sino la ansiedad y la depresión.
—¿Somos (o nos hacen) unos permanentes insatisfechos?
—Hay una insatisfacción, cada vez mayores exigencias y una diferencia abismal entre las posibilidades de desarrollo teórico que tenemos y luego la realidad y eso genera frustración, en otros momentos de la historia las personas no tenían tantas expectativas, ahora teóricamente uno puede ser presidente del Gobierno y claro que sí, y astronauta y premio Nobel, pero luego la realidad es que nuestras posibilidades de desarrollo son limitadas y pocos pueden llegar a alcanzar esas metas tan elevadas, lo cual genera frustración. Los estilos de una vida acelerada, la competitividad, la exigencia continua de producir más con menos no son saludables y producen estados depresivos.
—¿El gran reto del futuro en occidente es la educación para crecer emocionalmente? ¿somos unos infantiles emocionales?
—Ciertamente, estamos infantilizando cada vez a más sociedades, desresponsabilizándolas. Hay alguna reflexión que alguna vez hemos hecho con algún compañero con el que comparto la idea de que la sociedad actual está infantilizando cada vez más a las personas desresponsabilizándola de su propia conducta, en la medida en que a la conducta le damos entidad de enfermedad, entonces claro, la persona es ya una pobre enferma, sin responsabilidad de sus actos, no tiene que hacer nada por mejorar sino esperar al profesional que se lo solucione.
—Este mismo año el equipo que usted dirige revisó los historiales del servicio para analizar qué es lo que estaba ocurriendo con las depresiones ¿qué conclusiones obtuvieron?
—La demanda está creciendo de forma exponencial y los recursos de los que disponemos crecen de forma linealmente, tuvimos que pararnos para hacer un análisis y ver los perfiles, problemas y las enfermedades que con mayor frecuencia demandaban atención. Y vimos que el 35% de los casos nuevos que recibimos de salud mental son por ansiedad, por otra parte relacionada con la depresión, y otro 30% por depresión. Incluso en la realidad esos porcentajes son mayores, porque esos son los motivos que se alegan para la consulta pero luego hay otros motivos, como problemas laborales o familiares, que están en torno al 12% y que se expresan a través de una sintomatología ansiosa o depresiva, de modo que incluso habría que aumentar los porcentajes. De modo que la conclusión es que la inmensa mayor parte del trabajo de los profesionales se invierte en la atención a esos trastornos de ansiedad y depresivos que en gran medida los fabricamos la propia sociedad a través de los estilos y modos de vida que tenemos.
—¿Por qué la mayor prevalencia en la mujer?
—La primera reflexión es que en la mujer la prevalencia de los trastornos depresivos es casi el doble que en el hombre, en cambio en nuestro servicio administrativo es incluso mayor: en el área sanitaria de Pontevedra el 70% de las personas que consultan por depresión son mujeres, lo cual nos hace pensar que quizás los hombres tengan más dificultades para reconocer esos estados depresivos y para pedir ayuda profesional, a lo mejor ellas tienen menos reparos, pero a mayores de esas posibles interpretaciones lo que sí es cierto que la depresión tanto en población general como en nuestro servicio es más frecuente en la mujer, y para ello influyen dos factores, los biológicos (hay depresiones que tienen que ver con cuestiones hormonales) y los sociales, ya que vivimos en una sociedad en donde ella muchas veces sufre una gran sobrecarga laboral que frecuentemente está también en el origen de esos trastornos depresivos y de ansiedad, porque también nos encontramos con que en los nuevos casos de ansiedad en nuestro servicio casi el 70% se corresponden a mujeres y un 30% a hombres.

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