martes, 12 de octubre de 2010

De nuestros nervios

De nuestros nervios

La OMS recuerda que los fármacos no son la única estrategia para el trastorno psiquiátrico

Ella pronunciaba un discurso en la universidad en la que había dado clases su padre, poco después de morir este, cuando su cuerpo, de cuello hacia abajo, empezó a temblar. Sólo la voz permaneció inalterable. ¿Por qué le había sucedido aquello? ¿Hasta qué punto tenía relación con la muerte de su padre? Y, sobre todo, ¿quién era en verdad ella, la mujer que había seguido hablando sin interrupción o la que sufría el arrebato de su sistema nervioso?
Para desentrañar su propio misterio, la escritora norteamericana Siri Hustvedt se sumergió en una ingente tarea de documentación y escritura que ha dado cuerpo al libro La mujer temblorosa, o la historia de mis nervios, que publica Anagrama. Una aventura que la lleva a someterse a todo tipo de disciplinas relacionadas con el cerebro y la mente, de la neurología al psicoanálisis, pasando por el insólito maridaje de ambas llamado neuropsicoanálisis, de improbable aceptación en un mundo que recela de la interrelación entre el hecho fisiológico y el psicológico. La autora, que relata sucesivas ocasiones en las que vuelve a temblar en público, halla alivio, cómo no, en la farmacia. Es un betabloqueante, el propanolol, el fármaco que en adelante mantiene a raya los nervios de esta mujer hipersensible y con largo historial de migrañas. Controlado químicamente el temblor, podría pensarse que la historia acaba aquí.

Coincide la aparición de este libro con el día mundial de la Salud Mental, el pasado domingo 10 de octubre. Como de costumbre, la OMS recomienda en su mensaje anual que los psicofármacos se administren con mesura. En uno de los documentos publicados para la ocasión se lee que "la mayoría de los trastornos psiquiátricos pueden abordarse eficazmente mediante intervenciones farmacológicas y no farmacológicas; la decisión de prescribir un psicofármaco no descarta que también estén indicadas las intervenciones psicológicas o psicosociales". Para la OMS, "los profesionales de la salud no deben considerar pasivamente los medicamentos como la única estrategia terapéutica; ni los pacientes deben recibir un mensaje sugiriendo que se pueden lograr modificaciones del pensamiento, el estado de ánimo y la conducta sólo por medios farmacológicos".

Hustvedt, por supuesto, no se conforma con asistir como espectadora a la desigual batalla entre los antagonistas beta-adrenérgicos de la poderosa industria farmacéutica y su maltrecho sistema nervioso simpático. Sirviéndose de un tono que no es ni escéptico ni entusiasta, la autora nos pide que la acompañemos en una indagación multidisciplinar, que aporta, naturalmente, más preguntas que respuestas. Pero entre estas hay una con valor de conclusión: "El dolor de cabeza soy yo y comprenderlo ha sido mi salvación. Quizás ahora el truco consista en integrar del mismo modo a la mujer temblorosa, en reconocer que ella también forma parte de mí".

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