miércoles, 22 de septiembre de 2010

"La apatía es uno de los síntomas más precoces, incluso en fases presintomáticas"



HUESCA.- Las demencias provocan déficits fundamentalmente cognitivos, que afectan a la memoria o el lenguaje, pero acarrean también trastornos de índole psicológico conductual, como hiperactividad, irritabilidad o agresividad. El síndrome más frecuente es, sin embargo, la apatía, a veces malinterpretada como falta de colaboración, pereza o depresión.

El psiquiatra Carmelo Pelegrín impartió ayer en el salón de actos de la Diputación Provincial una charla sobre el "síndrome apático", en la que habló sobre el diagnóstico y tratamientos de este cuadro. "Se caracterizaría por falta de interés por hacer las cosas, despreocupación por las personas, algo que hace daño a los familiares porque pierden la capacidad de empatía, de emocionarse con acontecimientos como el nacimiento de un nieto o la muerte de seres queridos", explica el psiquiatra, que ofreció ayer pautas para diferenciar éste de otros síndromes.

La terapia es farmacológica y de manejo conductual, dependiendo del entorno del paciente. "Si está en un centro de día, se trabaja la recuperación de aficiones, que mejoran la sociabilidad. Esto es importante, porque a veces el aislamiento social o la pérdida de estímulos potencian la apatía". Aunque no existe curación para las demencias, el tratamiento ideal tiene hoy una base biopsicosocial. "Por un lado se tiene en cuenta aspectos biológicos, intervenir farmacológicamente en las partes del cerebro más dañadas, y después el manejo de los aspectos psicológicos y ambientales que rodean al paciente".

En cada momento de la enfermedad se buscan los "síntomas diana". "En fases iniciales predomina la pérdida de memoria, trastornos del lenguaje y de las actividades motoras complejas. Ahí se inicia el tratamiento farmacológico y rehabilitador". Después aparece la depresión, apatía y agresividad. "La apatía a veces es uno de los síntomas más precoces, incluso en fases presintomáticas", alerta Pelegrín. Pero esa dejadez no se debe aquí a la propia enfermedad, sino que es una reacción del paciente, que se inhibe ante su incipiente pérdida de facultades. Al tratarse de un síntoma poco específico, es difícil que por sí solo alerte de la existencia de demencia, "pero en los estudios retrospectivos, siempre es el síntoma premonitorio más frecuente", dice Pelegrín.

En cuanto a prevención, incide sobre todo en vigilar los factores de riesgo vascular, sobre todo en personas de edad avanzadas. "Realmente hoy en día lo único que podemos hacer es controlar la tensión, no fumar, medir el azucar, el colesterol y llevar una dieta equilibrada. La enfermedad vascular puede producir micoinfartos cerebrales que merman nuestra reserva cognitiva. Si el alzhéimer aparece, avanza de forma mucho más rápida".

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